
Mallorca Studio
Una reforma que transforma un interior oscuro y compartimentado en un espacio mediterráneo, cálido y coherente con la identidad del estudio.
Una reforma que transforma un interior oscuro y compartimentado en un espacio mediterráneo, cálido y coherente con la identidad del estudio.
Un estudio abierto a la luz: la nueva sede de Viraje en el corazón de Palma.
En pleno centro de Palma, junto al Paseo del Borne, el nuevo estudio se abre como un espacio donde la luz, la madera y el vidrio se convierten en lenguaje arquitectónico. El punto de partida era una planta oscura y compartimentada; el objetivo, transformarla en un lugar abierto, luminoso y coherente con la identidad del estudio: cálido, mediterráneo y sereno.
Luz y continuidad en todas las estancias.
Las antiguas divisiones dieron paso a cerramientos de vidrio que separan sin aislar, permitiendo que la luz fluya libremente por todas las estancias. En la cocina, un vidrio ranurado aporta privacidad sin renunciar a la luminosidad: deja entrever siluetas, proyecta sombras suaves y genera un juego visual que varía a lo largo del día.

Los materiales responden a una paleta neutra y cálida.
La madera de iroko, con sus matices tostados y textura natural, se combina con paredes en blanco roto con un ligero matiz beige. Esta base serena convierte el estudio en una suerte de showroom doméstico, donde se ensayan soluciones y acabados que después se trasladan a las viviendas del despacho.


Una luz cruzada que cambia con las horas.
La ventana existente en la sala de reuniones —alta, alargada y bañada por una luz dorada al atardecer— se conservó y se acompañó con un fijo transparente que prolonga esa claridad hacia el acceso. El resultado es una luz cruzada que cambia con las horas: más intensa por la mañana en la zona de trabajo y más cálida por la tarde, en la sala de reuniones.
En la entrada,
la necesidad de almacenamiento se resolvió con una modulación vertical de perfiles de madera que unifica todo el frente. Armarios, estanterías, fijos y divisiones siguen un mismo ritmo de unos setenta centímetros, aportando orden visual y coherencia material.

El baño, antes residual, se transformó en un pequeño espacio de carácter escultórico.
Una pieza de piedra maciza, trabajada casi como tallada, se combina con un espejo de gran formato que multiplica la luz y amplía las proporciones. Todo el conjunto mantiene una sobriedad deliberada, en sintonía con el resto del proyecto.



El resultado es un estudio luminoso, equilibrado y cálido, donde cada elemento —desde la modulación de la madera hasta la textura del vidrio— contribuye a construir un lenguaje propio, sereno y reconocible.

