Recorriendo México: las tres casas que más nos inspiraron

Durante nuestra reciente visita de obra a la nueva vivienda que estamos desarrollando en Puerto Escondido, México, aprovechamos para hacer una pausa y sumergirnos, de lleno, en la riqueza arquitectónica local.
En este artículo, compartimos nuestra selección de las tres casas que más nos impactaron, ya sea por su arquitectura, su singular diseño, o por la fascinante historia que esconden tras sus muros.
1. Casa-estudio de Luis Barragán: arquitectura como acto de fe, emoción y belleza.
La Casa-estudio de Luis Barragán, inaugurada en 1948, se erige como una de las obras más influyentes de la arquitectura moderna mexicana, marcando un hito en la integración de la modernidad con la tradición vernácula local. Ubicada en un barrio popular de la Ciudad de México, donde la sencillez de las casas tradicionales contrasta con la arquitectura contemporánea, la casa de Barragán se convierte en un refugio artístico. Este proyecto, además de ser una manifestación de su estilo único, incorpora una rica paleta cromática y una estudiada relación con la luz natural, elementos clave para generar una experiencia sensorial profunda.
El diseño de la vivienda responde a una estructura que promueve la fluidez espacial, con una serie de habitaciones que se suceden de manera orgánica. Desde el primer espacio, la portería- iluminada por un vidrio amarillo-, hasta el hall de acceso, donde las paredes doradas y rosadas dan la bienvenida, Barragán crea una secuencia de luces y colores que transforma la percepción del usuario. La luz natural, que entra por grandes ventanales, juega un papel crucial al establecer una conexión visual constante entre el interior de la casa y su jardín, favoreciendo la integración del entorno natural con la arquitectura.
Cada uno de los espacios de la casa está cuidadosamente diseñado para ofrecer una experiencia diferente. La biblioteca, a doble altura, y los espacios comunes, como el comedor y el desayunador, no solo sirven como áreas funcionales, sino que reflejan el enfoque de Barragán hacia el color y la luz. El comedor, por ejemplo, destaca por un color que se funde con la vegetación exterior, mientras que el desayunador ofrece una visión del jardín desde una nueva perspectiva. Los dormitorios, por su parte, mantienen una estética minimalista, con texturas y colores que, sumados a la luz natural, crean un ambiente armonioso y contemplativo.
En la parte superior de la casa, la terraza se presenta como el clímax de la obra, un espacio donde Barragán experimenta con paramentos desnudos y una organización abstracta del espacio, creando una sensación de introspección y calma. Esta composición finaliza la narrativa arquitectónica del hogar, proporcionando un respiro físico. Una reflexión poética sobre la interacción entre color, luz y espacio. Así, la Casa-estudio de Luis Barragán se convierte en un testimonio vivo de cómo el diseño puede transformar la experiencia cotidiana en algo profundo, estético y emocional.
“Mi casa es mi refugio”- escribió Barragán –“una pieza emocional de arquitectura, no una pieza fría de conveniencia.” En esa frase, como en cada rincón de su casa, se resume la esencia de su legado: arquitectura como acto de fe, emoción y belleza.
2. Museo Casa Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo: un referente de la arquitectura moderna mexicana, que invita al diálogo intercultural.
Las casas gemelas de Diego Rivera y Frida Kahlo, actualmente la sede del Museo Casa Estudio, son un hito en la historia de la arquitectura moderna de Latinoamérica. Encargadas por Rivera en 1931 y diseñadas por su amigo y joven arquitecto Juan O’Gorman, estas viviendas fueron una de las primeras en incorporar el funcionalismo y el estilo orgánico mexicano de forma tan armoniosa. Cada casa fue pensada para albergar un estudio independiente para cada uno de los artistas, reflejando sus necesidades creativas y marcando un claro quiebre con la arquitectura tradicional del país.
La obra de O’Gorman, que incluye influencias de figuras como Le Corbusier, propuso un enfoque minimalista que rompe con las formas conservadoras de la época. Utilizando hormigón liso y formas geométricas simples, el arquitecto diseñó dos volúmenes claros: uno rojo para Diego y otro azul para Frida, separados por un puente en su parte superior. Ambos espacios fueron pensados para integrarse perfectamente con el entorno natural, gracias a grandes ventanales que conectan el interior con el paisaje, a la vez que permiten una iluminación controlada y uniforme- característica clave en la obra del arquitecto.
El diseño de las casas responde a un concepto estético a la par que funcional. O’Gorman, consciente de la creciente urbanización y el cambio social en México, incluyó detalles como un techo-terraza, una escalera de caracol y un cerco de cactus que hacen referencia a la naturaleza local y la identidad del país. Estos elementos, junto con la iluminación natural que penetra a través de tragaluces y ventanales, dotan a las casas de una atmósfera serena; ideal para la creación artística. La elección de estos materiales y técnicas refleja un profundo respeto por el entorno y una búsqueda por adaptar la modernidad a la tradición mexicana.
Hoy, después de la muerte de Rivera en 1957 y de la posterior donación de la casa al Instituto Nacional de Bellas Artes, las casas gemelas se han convertido en un museo que conserva los estudios y objetos personales de los artistas y que continúa promoviendo el legado de ambos, tanto a nivel artístico como arquitectónico. La Casa Estudio sigue siendo un referente de la arquitectura moderna en México, un legado del compromiso de Rivera y Kahlo con su entorno y un espacio que invita al diálogo intercultural, tal como lo concibió su creador, O’Gorman.
3. Casa Wabi – Tadao Ando: un espacio donde la creación artística y la comunidad local coexisten.
Casa Wabi, ubicada a tan solo 30 kilómetros de Puerto Escondido en Oaxaca, es mucho más que un espacio dedicado al arte. Es la sede principal de la fundación del artista mexicano Bosco Sodi y un ejemplo palpable de cómo la arquitectura puede conectar el arte contemporáneo con la naturaleza y las comunidades. Diseñada por Tadao Ando, esta edificación se integra de manera impecable en su entorno: entre una playa desierta del Pacífico y las montañas de la Sierra Madre del Sur. A través de sus residencias artísticas, Casa Wabi fomenta el diálogo intercultural y busca generar un impacto positivo en la región, elevando a Puerto Escondido a un destino cultural de referencia.
El diseño de la casa, inaugurada hace diez años, es un fiel reflejo de la filosofía nipona del wabi-sabi, que busca la belleza a través de la imperfección. Ando utilizó el hormigón, su material predilecto, para crear un espacio que fusiona la sobriedad y la precisión del diseño japonés con la exuberante vitalidad del trópico mexicano. Un muro de hormigón de 312 metros de largo define el espacio, separando las áreas públicas de las privadas; mientras que una piscina rectangular, que parece fundirse con el océano, ofrece un punto de intersección que se corona con una gran palapa, característica del lugar. El paisaje, diseñado por el reconocido Alberto Kalach, refuerza esta conexión con la naturaleza, mientras que las esculturas de landart, como los Atlantes de Sodi, completan la experiencia sensorial.
El carácter único de Casa Wabi reside en su singularidad arquitectónica, un concepto que Tadao Ando subraya al afirmar que «sus espacios no podrían ser replicados en otro lugar«. Inspirada por la Fundación Benesse en Naoshima y la Fundación Chinati en Marfa, Casa Wabi alberga una serie de intervenciones de renombrados arquitectos y artistas. Entre ellas destacan el pabellón de barro diseñado por Álvaro Siza, el gallinero de Kengo Kuma y las instalaciones de Lucía Koch y Louis Gréaud. Este conjunto de piezas enriquece la oferta cultural y contribuye al propósito de la fundación de fomentar el diálogo entre culturas y disciplinas artísticas.
En sus diez años de existencia, Casa Wabi ha logrado consolidarse como un punto de encuentro esencial para la comunidad local y los artistas internacionales. Su compromiso con la educación y el acceso al arte se manifiesta en diversas iniciativas, como la proyección de cine, talleres de barro para niños de las comunidades cercanas y la biblioteca móvil. Gracias a estos programas, casi 400 artistas multidisciplinarios han pasado por sus residencias, estableciendo un puente entre el arte contemporáneo y la población local. Así, Casa Wabi se alza como en estandarte de sostenibilidad y diseño, donde la creación artística y la comunidad local coexisten de manera natural.




















