Carla Cascales: “Para mí, conceptos como la belleza o el equilibrio son fundamentales, aunque socialmente se consideren menores o superficiales”

Carla Cascales Alimbau (Barcelona, 1993) es una escultora y artista visual cuya práctica pone el acento en el proceso y en la relación directa con la materia. Su obra, vinculada al cuerpo, al cuidado y a la idea de fragilidad, se materializa en esculturas e instalaciones donde conviven lo artesanal y lo contemporáneo. A través de materiales como la cerámica, el yeso o el metal, Cascales investiga la intimidad, el tiempo y la huella emocional de los objetos. Desde su estudio, y también a través de las redes sociales —que utiliza como extensión del taller—, comparte una mirada honesta sobre el hacer artístico y el proceso detrás de cada obra, acercando la escultura contemporánea a públicos que no siempre se relacionan con el arte desde los códigos tradicionales.
01. Tu trabajo nace del proceso y del contacto directo con la materia. ¿Qué parte de ese tiempo de observación y experimentación consideras imprescindible preservar hoy?
Mi trabajo nace de un tiempo lento y poco académico, muy alejado de un proceso puramente intelectual. Por eso, para mí es imprescindible preservar un espacio de observación y experimentación que funcione como protección frente a la aceleración constante. Empiezo sin saber muy bien adónde voy, probando distintos materiales, dejando que sean ellos los que me enseñen el camino. Hay mucho de prueba y error, de escucha y de atención a lo que va ocurriendo. Necesito trabajar con la mente muy abierta, sin un resultado cerrado, y aunque a veces eso implica incertidumbre, también es lo que hace que el proceso sea emocionante y vivo.
02. En tus esculturas aparecen ideas como el cuidado, la vulnerabilidad o la memoria del cuerpo. ¿Desde dónde surgen esos conceptos?
Cada vez soy más consciente de que vivimos atrapados en procesos mentales, y que si hay algo que nos hace únicos en esta experiencia terrenal es el cuerpo. Mi trabajo surge desde ahí: desde la necesidad de volver al cuerpo como lugar de conocimiento y de memoria. Me interesa dar forma al material a través del gesto corporal, trabajar con la imperfección, las cicatrices, la fluidez y la vulnerabilidad del cuerpo. Conceptos como el cuidado o la memoria aparecen de manera orgánica, porque están ligados a esa experiencia física directa, a lo que se sostiene, se adapta o se transforma. El cuerpo no como ideal, sino como territorio sensible y cambiante.
03. Utilizas Instagram casi como un cuaderno de trabajo abierto. ¿Qué te aporta compartir el proceso —y no solo el resultado— de tu producción artística?
Instagram funciona para mí como un diario de trabajo, un lugar donde ir apuntando lo que aparece y también lo que no funciona, abrir una ventana al proceso creativo que normalmente queda oculto y también lo utilizo para compartir todo aquello que me inspira, exposiciones que visito, naturaleza, libros… Ahora, con la mudanza a un nuevo estudio, también me apetece compartir el proceso de transformar una nave industrial en mi espacio de trabajo, pero hacerlo de una manera poética y poco evidente, casi abstracta. Me interesa mantener ese equilibrio entre mostrar el proceso y preservar un espacio íntimo y personal fuera de las redes.
04. Muchas de tus obras parten de gestos pequeños y formatos contenidos. ¿Cómo decides cuándo una pieza debe mantenerse en esa escala íntima y cuándo crecer y dialogar con el espacio?
La escala de las obras está muy ligada al espacio en el que se construyen. Durante mucho tiempo he trabajado en talleres pequeños, y eso ha condicionado que mi obra fuera contenida, más íntima. Siempre he tenido el deseo de trabajar a mayor escala, pero no había podido hacerlo por una cuestión espacial. Ahora, con el cambio a un nuevo estudio, siento que el espacio va a poder acoger obras más grandes, y me hace mucha ilusión. Me apetece dejarme sorprender por lo que pueda ocurrir, ver cómo el propio espacio influye en las piezas y descubrir qué nuevas obras pueden nacer a partir de esa amplitud.
05. Has desarrollado proyectos que dialogan con contextos muy distintos, desde galerías hasta espacios vinculados a la gastronomía. Una de tus obras preside Casa Pisco, una vivienda unifamiliar ¿en qué te inspiraste para realizarla?
Siempre que me he sentido conectada con un proyecto, colaborar ha sido algo muy natural para mí. Me gusta que la obra artística tenga vida, que esté en una casa, en un lugar donde pasen cosas y donde haya personas. Concibo la escultura como algo que puede ser vivido y también como algo que añade valor a un espacio, no solo desde lo estético, sino desde lo emocional.
En el caso de la obra para Casa Pisco, la idea era llevar a esa casa un pequeño fragmento del Mediterráneo, casi como si cogieras un cuenco y te llevaras un poco de agua de mar. Es una obra muy pequeña, pero la pienso como una ventanita que mira al mar, un horizonte que aparece de repente. Me gustaba especialmente que se viera desde la entrada, que al entrar en la casa te encontraras con ese mar al fondo, con esa sensación de apertura y calma.
06. Tu trabajo conecta con públicos que no siempre se acercan al arte desde lo académico. ¿Crees que está cambiando la forma de mirar, entender y legitimar la escultura contemporánea desde una audiencia más generalista?
Mi obra siempre ha sido muy sensorial. Para mí conceptos como la belleza o el equilibrio son fundamentales, aunque socialmente a veces se consideren menores o superficiales por asociarse a lo estético. Sin embargo, dejarse sorprender por la belleza de la naturaleza o de las cosas cotidianas me parece algo profundamente importante.
Me gusta que mi trabajo pueda ser entendido y disfrutado por personas de cualquier edad, origen o contexto, sin necesidad de una formación académica previa. La obra puede conectar de forma visceral, directa, sin que sea imprescindible comprender todos los conceptos que la atraviesan. A partir de ahí, quien quiera profundizar puede hacerlo, porque sí que acompaño las piezas con textos y reflexiones más teóricas. Pero me interesa mucho esa primera conexión intuitiva, casi corporal.
07. Por último, en este momento de tu trayectoria, ¿qué nuevos caminos te interesan explorar?
En este momento de mi trayectoria estoy en un punto muy ilusionante. He conseguido encontrar lo que siento como el estudio de mis sueños y ahora estoy en pleno proceso de reforma para convertirlo en un espacio abierto y vivo. Es una antigua nave industrial de 1932, con nueve metros de altura, lo que me permitirá trabajar con esculturas colgantes y con una escala que hasta ahora no había podido explorar.
Mi deseo es que sea un lugar donde puedan venir otros artistas, donde se generen encuentros y colaboraciones con personas de distintas disciplinas. En este momento me fascina especialmente el mundo de la danza, y me encantaría que el estudio pudiera acoger desde música hasta movimiento. También quiero que sea un lugar al que las personas que conectan con mi trabajo puedan venir, ver la obra con tiempo y disfrutarla. Es un proceso nuevo y un reto grande, porque nunca había abordado una reforma de esta escala, pero estoy trabajando con una profesional increíble y amiga, Sheila Llovet y me siento muy acompañada. Es un proyecto que me emociona profundamente y que siento como el inicio de una nueva etapa.
















